El discurso de Regensburg y la masacre en París

El discurso de Regensburg y la masacre en París

Después del atroz atentado, muchos citan la lección de Benedicto XVI en contra de la violencia perpetrada en nombre de una fe. Pero se olvidan de que aquel discurso criticaba desde dentro la razón moderna que margina a las religiones entre las subculturas

El horrible atentado en París, la masacre perpetrada por tres terroristas islámicos, que se habían «entrenado» entre las milicias yihadistas en Siria, en contra de la sede de la redacción de la revista satírica francesa ‘Charlie Hebdo’ ha hecho que muchos recuerden la famosa lección que Benedicto XVI pronunció en Regensburg en septiembre de 2006, en ocasión de la visita a su ex-universidad.

No hay duda de que en este, como en otros discursos en los que se ve la continuidad con su predecesor, Papa Ratzinger haya denunciado el uso de la violencia y del fanatismo que se aprovechan del nombre de Dios. Tampoco hay que olvidar que pocos meses después del discurso de Regensburg, al extender sus felicitaciones navideñas a los miembros de la Curia romana, Benedicto XVI dijo: «En el diálogo que debemos intensificar con el islam deberíamos tener presente el hecho de que el mundo musulmán se encuentra hoy con enorme urgencia frente a una tarea muy semejante de la que se impuso a los cristianos a partir de la época de la Ilustración y que el Concilio Vaticano II, como fruto de una larga búsqueda fatigosa, dio soluciones concretas para la Iglesia católica».

Pero, al mismo tiempo, vale la pena recordar que el objeto específico de la lección pronunciada en Regensburg no era la violencia del fanatismo religioso, sino más bien una crítica contra cierta forma de concebir la razón en Occidente. Papa Ratzinger, en aquel famoso discurso, afirmó: «Este intento, esbozado solo en grandes líneas, de crítica de la razón moderna desde su interior, no incluye absolutamente la opinión de que ahora hay que retroceder hasta antes de la Ilustración, rechazando las convicciones de la edad moderna. Lo que en el desarrollo moderno del espíritu es válido es reconocido sin reservas: todos estamos agradecidos por las grandiosas posibilidades que ha abierto al hombre y por los progresos en el campo humano que nos han sido dados».

«En el mundo occidental -continuaba- domina ampliamente la opinión de que solamente la razón positivista y las formas de filosofía que de ella derivan son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo perciben precisamente en esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón un ataque a las convicciones más íntimas. Una razón que frente a lo divino es sorda y margina la religión al ámbito de las subculturas es incapaz de incluirse en el diálogo entre culturas».

En diciembre de 2006, al hacer un balance del año que estaba por concluir durante el encuentro para las felicitaciones navideñas a la Curia romana, Benedicto XVI añadió que en Regensburg «el diálogo entre las religiones es afrontado solo marginalmente y bajo un doble punto de vista. La razón secularizada no es capaz de entablar un verdadero diálogo con las religiones. Si permanece cerrada frente a la cuestión de Dios, esto acabará por llevar hacia el enfrentamiento entre culturas».

En estos momentos todos interpretan estas ideas como un llamado al islam. Pero, por el contrario, se trataba de un llamado a ese Occidente que tiende a marginar la religión en el «ámbito de las subculturas».

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