Un discurso y una carta

Un discurso y una carta

Francisco en Europa, los curas villeros aquí. El Papa ante el parlamento europeo y el mundo. El Padre Pepe y los curas villeros, hablando para los obispos, la sociedad, y todo el pueblo argentino.

El mismo día, por la mañana, Bergoglio, hoy Francisco, dio, como Jefe del Estado Vaticano, un discurso de una potencia, de una precisión, de una dureza, inusitadas. Se atrevió a decir lo que muchos piensan y sienten de esa Europa envejecida, no ya el centro del mundo, en crisis, desesperada, temerosa, y encerrándose en si misma.

“El Mediterráneo no puede ser el cementerio de los emigrantes”, dijo Francisco. No dejó tema sin tratar: El relativismo, la crisis económica, pero también de valores, la violencia, las guerras, el alejamiento de Dios, la pérdida de fe.

Pero dejó esperanzas, sueños de volver a esa Europa fundacional, abierta, libre, en paz, sin discriminación, sin miedo. Impecable, histórico. Pasarán siglos y se recordará este discurso. Una bisagra en la historia contemporánea del viejo continente.

Aquí, en nuestro país, en las villas, en los barrios, también hay cosas importantes por decir. Los curas villeros presentaron, de la mano del Padre Pepe, una carta conmovedora. La esquela mantiene la línea de escritos y reflexiones relacionados con la droga. Pero nos interpela a todos. Nos invita como sociedad a no condenar, a no victimizar al que consume. Y mucho menos criminalizarlo. Es parte del problema, es víctima de la maquinaria de muerte que es la droga. Y, criticando la ausencia del Estado, y la indiferencia de sectores más acomodados de la sociedad, nos invita a cambiar nuestra mirada, nuestro pensamiento. Involucrarnos significa ver al otro, reconocerlo, abrazarlo. Los clubes, las escuelas, las obras y la presencia del Estado, el compromiso de los obispos en cada diócesis, y el cambio paradigmático que genere la sociedad toda, son las armas necesarias para cambiar esta realidad. Y ganarle la batalla al narcotráfico, a la cultura de la muerte, a la droga.

Francisco en Europa y los curas villeros en Argentina, nos invitan a ser parte de ese cambio necesario. También es mi problema, y yo puedo hacer algo para mejorar. Francisco y el Padre Pepe nos están hablando claro, sin vueltas. Hay que ver si queremos escucharlos.

Comentá la nota