JMJ, se cumplen 35 años de “la invención de los jóvenes” que ha renovado la Iglesia

JMJ, se cumplen 35 años de “la invención de los jóvenes” que ha renovado la Iglesia

Como nació durante el Año Santo de la Redención la idea de reservar un evento a las nuevas generaciones

Hace 35 años iniciaba el largo camino de la “Woodstock católica”, la invención más célebre de Juan Pablo II. Y bajo la horma de su predecesor que él mismo canonizó, Francisco participará del 23 al 28 de enero en la 34º JMJ en Panamá. El origen de la Jornada Mundial de la Juventud, entre las más innovativas intuiciones de San Juan Pablo II, se remonta al Año Santo de la Redención con el que entre 1983 y 1984 la Iglesia celebró los 1.950 años de la Pasión de Jesús. 35 años de historia eclesiástica que se entrecruzan con los principales eventos a caballo entre el siglo XX y el XXI. 

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El sacerdote francés Eric Jacquinet, después de servir durante cinco años en el Vaticano como jefe de la Sección jóvenes del Consejo Pontificio para los laicos, regresó a Burdeos para ser párroco y pasar el testigo al Padre João Chagas y, por lo tanto, recuerda así la temporada en la que inició. “La JMJ es considerada por muchos como el invento más hermoso del papa Karol Wojtyla, quien en cambio afirmó que fueron los jóvenes los que la inventaron. En realidad, esta maravillosa aventura nació en los años 1983-1984, cuando entre las diversas actividades del año jubilar Juan Pablo II quiso organizar una reunión de jóvenes para el Domingo de Ramos. El comité organizador había previsto 60.000 participantes y llegaron 250.000”. 

Monseñor Giancarlo Vecerrica, obispo emérito de Fabriano-Matelica, y creador de la marcha Macerata-Loreto que el pasado mes de junio llegó a su 40 edición, recuerda cómo “nuestro debut se remonta a mediados de junio de 1978 y unos meses más tarde fue elegido el Papa Karol Wojtyla”. En septiembre de 1979, el nuevo Pontífice visitó Loreto, explica el prelado originario de la región de Las Marcas: “Para dar la bienvenida al Papa, organicé una vigilia de 2.000 jóvenes, llegamos a pie por la noche, rezamos el Rosario en la plaza de la Basílica, y después de celebrar la misa, el Papa salió a la plaza por la tarde y nos encontró allí rezando”. Y, continúa el obispo, “en un momento dado, escuché un grito: “Vecerrica del Papa”, así que crucé las barreras y sucio de la tierra me encontré frente a Juan Pablo II, que me sujetó con fuerza y dijo: “La de los jóvenes es la realidad que más tengo en el corazón”. Después, me miró fijamente a los ojos y añadió: “A partir de ahora tienes que cultivar a estos chicos uno por uno”. Pocos minutos más tarde me encontré en la fuente de la plaza con los amigos que me habían ayudado a organizar la vigilia de oración por la visita papal y nos dijimos que teníamos que continuar el mandato del Papa y mantener la fe en el compromiso que habíamos adquirido con él”.

Monseñor Vecerrica supo después por el organizador de las Jornadas Mundiales de la Juventud, Marcello Bededeschi, que cuando se crearon las JMJ y querían crear algo para los jóvenes, Juan Pablo II, dijo: “Vayan y vean cómo lo hace el sacerdote aquel de la peregrinación de Macerata-Loreto”. En 1985 las Naciones Unidas proclamaron el Año Internacional de la Juventud. “El Papa, deseando expresar la atención de la Iglesia hacia las nuevas generaciones, llamó de nuevo a los jóvenes a regresar a Roma para el Domingo de Ramos –subraya el Padre Eric Jacquinet--. Una vez más, como durante la misma llamada a las nuevas generaciones para el Año Santo de la Redención, la respuesta fue excelente: 300.000 jóvenes se dispersaron por las iglesias de la Ciudad Eterna durante varios momentos de oración y catequesis y luego se reunieron en la Plaza de San Pedro para participar en la celebración con el Pontífice”. 

Después de estas dos reuniones, muchos se preguntaron “por qué esta respuesta generosa, qué buscan los jóvenes, qué quieren”, continúa el ex jefe de la Sección de jóvenes del Consejo Pontificio, que desde septiembre de 2016 ha transferido sus responsabilidades al nuevo dicasterio vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida, pero Juan Pablo II lo había intuido: “los jóvenes sentían el deseo de reunirse, compartir su experiencia, escuchar una palabra de fe, de mirar juntos al futuro, de renovar y confirmar su compromiso”.

Y así, a finales de 1985, Karol Wojtyla anunció la institución de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará todos los años en las diócesis el Domingo de Ramos. A la celebración diocesana se unió en seguida una gran reunión mundial que inicialmente se celebraría cada dos años. A la primera JMJ, celebrada en las diócesis en 1986, siguió la primera gran edición internacional, que tuvo lugar en 1987 en Buenos Aires, en una Argentina que se encontraba saliendo de la dictadura con dificultad.

En 1989, la Jornada Mundial de la Juventud se celebró en Santiago de Compostela, en España. Más tarde fue en Czestochowa, Polonia, después de la caída del muro de Berlín. En 1993 fue la primera vez que se celebró fuera de Europa con la edición de Denver, en los Estados Unidos. En 1995, en Manila, en las Filipinas. En 1997 fue el turno de París. En el año 2000, los dos millones de “centinelas de la mañana” estuvieron en Tor Vergata durante el Gran Jubileo, y luego en 2002, la JMJ fue en Toronto, en Canadá. En 2005, poco después de la muerte de Juan Pablo II, fue Benedicto XVI quien presidió la edición de Colonia en Alemania. En 2008, la Jornada Mundial de la Juventud llegó a Sydney. Siguieron Madrid, Río de Janeiro y Cracovia. Y ahora Panamá.

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