Cristianos en Gaza: "No sabemos lo que nos depara el futuro"

Desde el año 2007 los cristianos que viven en Gaza requieren de un permiso especial de Israel para poder viajar a Belén y rezar en la ciudad en la que nació Jesús. El relato de un caso que pone sobre la mesa el de muchos otros.

Si Hani Farah pudiese pedir un deseo para esta Navidad no dudaría en elegir una visita a Belén. Pasearía con su esposa por las calles de la ciudad vieja y admiraría el árbol navideño erigido frente a la Iglesia de la Natividad.

Junto con los otros creyentes cantaría villancicos en Nochebuena y rezaría en el lugar de nacimiento de Jesús.

Pero el deseo de Farah no es fácil de cumplir. Este hombre de 36 años vive con su familia en Gaza y para viajar a Belén necesita un permiso de Israel. La última vez que logró pasar fue en 2007. Desde ese año, cada Navidad llena una solicitud de salida. Pero sistemáticamente son rechazadas.

El año 2007 marcó para el pueblo de Gaza un punto de inflexión, especialmente para los cristianos. En ese momento, el grupo radical islámico Hamas tomó el poder en Gaza y desterró al más moderado Fatah a Cisjordania.

Desde entonces, el palestino cristiano Hani Farah vive bajo el liderazgo de una organización radical, pero también bajo un bloqueo por parte de Israel y Egipto, que mantienen cerrados gran parte de sus cruces fronterizos con la Franja de Gaza.

Estos dos factores han llevado a que cada vez más cristianos abandonen la Franja de Gaza. En 2007 aún vivían allí unos 5.000 cristianos, según señala la Fundación alemana Konrad Adenauer en su último informe tras una visita a la zona.

De acuerdo con la investigación, en la actualidad viven allí unos 1.350, junto a alrededor de 1,8 millones de musulmanes.

La vida cotidiana en Gaza está fuertemente influenciada por el islam. Pocas mujeres salen a la calle sin llevar velo y en muchos sectores rige una estricta segregación de los sexos.

En 2007 decenas de explosivos detonaron en cibercafés y tiendas de música, en acciones que los propietarios atribuyeron a extremistas islámicos.

Hani Farah trabaja como coordinador de proyectos de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) en Gaza. Aquí los niños y jóvenes pueden jugar al fútbol y al tenis, pero también aprenden danzas y otras tradiciones culturales. Los niños y jóvenes de ambos sexos comparten las aulas.

En 2008, el centro fue atacado y destruido por militantes. Un guardia de seguridad relató en aquel momento que los atacantes le preguntaron por qué estaba trabajando para "infieles".

Farah intenta no darle demasiada importancia al caso. Cristianos y musulmanes vivían juntos en paz en la Franja de Gaza, asegura.

"Hamas se ocupa mucho de los cristianos", señala. Pero también cuenta que su esposa se cubre la cabeza cuando sale de compra. Y el hecho de que los cristianos no puedan trabajar en la administración de Hamas es "naturalmente un problema", agrega.

Los líderes religiosos en Gaza son cuidadosos con las críticas abiertas y, por el contrario, destacan la buena cooperación con Hamas.

La razón por la que los cristianos emigran es el conflicto con Israel. "Los cristianos y los musulmanes sufren por eso", apunta el el hermano Amphilosios, sacerdote de la Iglesia ortodoxa griega.

La guerra y el desempleo son los mayores problemas en la Franja de Gaza. Pero muchos cristianos en Gaza se sienten como ciudadanos de segunda clase. "Ellos tiene la sensación de que solo por el hecho de ser cristianos se les puede tratar de cualquier forma", señala uno hombre que desea permanecer anónimo.

También en Gaza crece la preocupación por los grupos radicales como la milicia terrorista Estado Islámico. Los cristianos se sienten todavía seguros en Gaza. "Pero no sabemos lo que nos depara el futuro", señala el sacerdote.

Los cristianos se preparan para celebrar la Navidad en Gaza. Hani Farah ya armó en su casa un pequeño árbol de plástico que compró en una tienda de juguetes.

Farah también solicitó este año un permiso de salida a Belén. "Desearía tanto que resultara", señala. Pero hasta el momento no ha recibido respuesta. Por Alexandra Rojkov (dpa)

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