“No a cristianos diluidos, que hacen compromisos con el mundo”

“No a cristianos diluidos, que hacen compromisos con el mundo”

En la primera Misa en Santa Marta después de l Pascua, el Papa indicó las tres características de los apóstoles: obediencia, concreción, testimonio. Como el de tantos mártires en África y en el Medio Oriente

Lo primero es «obediencia». Después «testimonio», incluso corriendo el riesgo de provocar fastidio. Para concluir «concreción». Tres características que convierten a los cristianos en verdaderos apóstoles, como sucede con muchos testimonios de nuestro tiempo en África y en el Medio Oriente, asesinados y perseguidos mucho más que durante los primeros siglos. Nada que ver con los cristianos «al agua de rosas», «diluidos», «superficiales». El Papa Francisco se expresó de esta manera en la homilía de la primera Misa en la capilla de Santa Marta después de la Pascua, y volvió a denunciar los «compromisos» con las «cosas mundanas» en los que caen los mismos seguidores de Jesús. Empezando por el «dinero», «cuyo señor es el diablo». 

  

«Hay que obedecer a Dios, en lugar de obedecer a los hombres», afirmó el Pontífice en su homilía, según indicó Vatican News, retomando las palabras de Pedro que aparecen en la Primera Lectura del Libro de los Hechos. Una «vida de obediencia» es la que caracteriza a los apóstoles que han recibido el Edpíritu Santo, subrayó el Papa. El cristiano, siguiendo el camino ya abierto por Jesucristo, «obedece a Dios». 

  

Y de esta obediencia surge la segunda característica, «el testimonio». El testimonio cristiano, en particular, «da fastidio», recordó Bergoglio, porque «nunca vende la verdad, como atestiguan los tantos cristianos asesinados y perseguidos, hoy mucho más que en los primeros siglos». 

  

Por ello, muchos creyentes prefieren los «compromisos», pero, advirtió el Papa, estos hacen que los cristianos se conviertan en cristianos «al agua de rosas», te olvidas de ese primer encuentro con Jesús que «cambió tu vida». Precisamente como los sacerdotes que querían mandar, según refieren las Escrituras, que arreglaron todo con una propina. «El soborno llegó hasta el Sepulcro», advirtió Francisco. 

  

Sucedía en el pasado y sigue sucediendo en el presente: «Así resuelve las cosas del mundo», dijo, «con cosas mundanas», con «el dinero», cuyo señor es el diablo. Tan es así que el mismo Jesús afirmó que no es posible servir a dos señores.  

  

Es inútil, pues, buscar una media vía «entre el mundo y nosotros»: el «testimonio cristiano no conoce las vías de compromiso», insitió el obispode Roma, conoce, más bien, «la paciencia de acompañar a las personas que no comparten nuestra manera de pensar, nuestra fe, de tolerar, de acompañar, pero nunca de vender la verdad». 

  

Y también conoce el martirio, como demuestran muchos hermanos y hermanas de África y del Medio Oriente, «en la cárcel, ejecutados por confesar a Jesús. Testimonio hasta el final». 

  

Este es un signo extremo de esa «concreción» que se exige a cada apóstol. Los doce «hablaban de cosas concretas, no de “fábulas”», dijo el Papa. Porque ellos «vieron y tocaron», y quien crea en la actualidad lo hace porque «ha tocado a Jesús en la propia vida». 

  

Por ello Bergoglio incitó a pedirle a Dios «la gracia» de no olvidar «el primer encuentro» con el Señor. «Sucede que, muchas veces, los pecados, los compromisos, el miedo nos hacen olvidar este primer encuentro, el encuentro que nos ha cambiado la vida. Eh, sí, nos trae un recuerdo, pero un recuerdo diluido; nos hace cristianos, pero “al agua de rosas”. Diluidos, superficiales», observó. 

  

Por ello es bueno, concluyó, pedir la gracia de la concreción al Espíritu Santo. Jesús ha pasado por mi vida, por mi corazón. El Espíritu ha entrado en mí. Después, tal vez, he olvidado, pero la gracia de la memoria del primer encuentro». Además, hay que pedir a Dios «la gloria Pascual»: «pidámosla los unos para los otros, pero esa alegría que viene del Espíritu Santo, que da el Espíritu Santo: la alegría de la obediencia pascual, la alegría del testimonio pascual y la alegría de la concreción pascual». 

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