Crisis humanitaria en Yemen: apremiante llamamiento del Papa

Crisis humanitaria en Yemen: apremiante llamamiento del Papa

Francisco recordó a la población en el Ángelus del domingo 3 de febrero, realizando un llamamiento a la comunidad internacional para favorecer con urgencia el cumplimiento de los acuerdos alcanzados, garantizar la distribución de alimentos y trabajar por el bien de la población

Tras rezar el Ángelus del IV domingo del Tiempo Ordinario el Papa Francisco lanzó un apremiante llamamiento por la crisis humanitaria en Yemen, en donde según Naciones Unidas más de 24 millones de personas necesitan actualmente asistencia humanitaria, lo que representa el 80% de la población.

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«Con gran preocupación sigo la crisis humanitaria en Yemen. La población está agotada por el largo conflicto y muchísimos niños sufren hambre, pero no es posible acceder a los depósitos de alimentos. El grito de estos niños y de sus padres se eleva ante Dios. Hago un llamamiento a las partes interesadas y a la comunidad internacional para favorecer con urgencia el cumplimiento de los acuerdos alcanzados, garantizar la distribución de alimentos y trabajar por el bien de la población. Invito a todos a rezar por nuestros hermanos de Yemen. Dios te salve María […]. Recemos fuerte, porque son niños que tienen hambre, tienen sed, que no tienen medicinas y que están el peligro de muerte. Llevemos con nosotros a casa este pensamiento».

El Romano Pontífice recordó luego la Jornada por la Vida que se celebra este día en Italia con el tema “Es vida, es futuro”. Uniéndose al Mensaje de los Obispos alentó a las comunidades eclesiales que promueven y sostienen la vida, y dijo:

«Cada vez es más necesario un compromiso concreto para favorecer los nacimientos, que implique a las instituciones y a las diversas realidades culturales y sociales, reconociendo a la familia como el vientre generador de la sociedad».

Como todos los años también saludó a los millones de hombres y mujeres que el próximo 5 de febrero celebran el Año Nuevo Lunar en el Lejano Oriente y en diversas partes del mundo, deseando que en sus familias "se practiquen aquellas virtudes que ayuden a vivir en paz consigo mismos, con los demás y con la creación”, e invitando a rezar por el don de la paz, un don al que “acoger y cultivar con la contribución de cada uno”.

También saludó a los romanos y peregrinos provenientes de diversas partes del mundo, y un saludo particular fue a los chicos y chicas de la Acción Católica de la Diócesis de Roma, presentes en la plaza numerosos y rumorosos, acompañados por el Cardenal Vicario, sacerdotes, padres y educadores, en el final de la “Caravana de la Paz”, iniciativa promovida por la Acción Católica Chicos de la Diócesis de Roma con el tema de este año: “Sabor de paz”

Acompañado por dos chicos de la ACR Francisco recordó que con esta iniciativa se abre la celebración del 150 aniversario de la fundación de la Acción Católica en Roma y del 50 aniversario del nacimiento de la ACR y deseó a los jóvenes que sean “testigos gozosos de la paz y de la fraternidad”. Seguidamente los chicos leyeron un mensaje y se produjo el tradicional lanzamiento de los globos al cielo, que tiñó de colores el cielo semi nublado de san Pedro, como símbolo de las oraciones por la paz en el mundo.

Por último, pidió acompañarlo con la oración en su Viaje a los Emiratos Árabes Unidos, que definió un viaje “corto pero importante”. Ya en el día de ayer el Romano Pontífice se había dirigido a la Basílica de Santa María la Mayor para rezar ante la imagen de la Salus Populi Romani por el éxito de su viaje.

En su catequesis, el Papa Francisco reflexionó sobre el Evangelio del día, Lucas 4, 21-30, que presenta el relato de Jesús en la Sinagoga, y recordó a los presentes que este episodio es la continuación del Evangelio del domingo pasado, en el que Jesús lee el pasaje del profeta Isaías revelando que sus palabras se cumplen en Él, y presentándose como Aquel en quien se ha depositado el Espíritu del Señor.

«El Evangelio de hoy – dijo el Papa - es la continuación de este relato y nos muestra el asombro de sus conciudadanos al ver que uno de sus compatriotas, “el hijo de José” pretende ser el Cristo, el enviado del Padre».

El Pontífice explicó que Jesús, con su capacidad de penetrar en las mentes y los corazones, comprendió “inmediatamente” lo que pensaban sus conciudadanos. A saber, que “siendo uno de ellos”, debía “demostrar” esta extraña “pretensión” haciendo milagros en Nazaret, como lo hizo en Cafarnaún. «Pero Jesús no quiere y no puede aceptar esta lógica, porque no corresponde al plan de Dios: Dios quiere la fe, ellos quieren los milagros, las señales; Dios quiere salvar a todos, y ellos quieren un Mesías para su propia ventaja. Y para explicar la lógica de Dios, Jesús trae el ejemplo de dos grandes profetas antiguos: Elías y Eliseo, a quienes Dios había enviado para sanar y salvar a personas no judías, de otros pueblos, pero que habían confiado en su palabra».

El Papa siguió narrando que ante la invitación de Cristo a abrir sus corazones “a la gratuidad y universalidad de la salvación” los ciudadanos de Nazaret se rebelaron, y asumieron inclusive una actitud agresiva, hasta el punto de que empujarlo fuera de la ciudad hasta un lugar escarpado, “con intención de despeñarlo”. "La admiración del primer instante se transformó en una agresión, una rebelión en contra de Él", dijo. Y así subrayó que este Evangelio nos muestra que el ministerio público de Jesús comienza con un rechazo y una amenaza de muerte, paradójicamente precisamente por parte de sus conciudadanos. Pero Jesús, que “sabe bien que debe afrontar el cansancio, el rechazo, la persecución y la derrota”, no se desanimó, ni detuvo el camino y la fecundidad de su acción profética:

«Él continuó su camino, confiando en el amor del Padre». Se trata de un precio que, según Francisco, “ayer como hoy, la auténtica profecía está llamada a pagar”.

La conclusión del Papa fue la afirmación de que también hoy “el mundo necesita ver en los discípulos del Señor, profetas”, es decir, “personas valientes y perseverantes en la respuesta a la vocación cristiana”: «Personas que siguen el empuje del Espíritu Santo, que los envía a anunciar esperanza y salvación a los pobres y excluidos; personas que siguen la lógica de la fe y no del milagro; personas dedicadas al servicio de todos, sin privilegios ni exclusiones. En pocas palabras: personas que se abren a acoger en sí mismas la voluntad del Padre y se comprometen a testimoniarla fielmente a los demás».

«Oremos a María Santísima, - finalizó Francisco - para que podamos crecer y caminar en el mismo celo apostólico por el Reino de Dios que animó la misión de Jesús. Ángelus domini…».

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