Conferencia: La Soberanía de la Mujer en el Corán

Conferencia: La Soberanía de la Mujer en el Corán

Presentación del libro “La Soberanía de la Mujer en el Corán” en la Casa Árabe de Córdoba el 6 de junio de 2017 en el marco del programa Noches de Ramadán

 

Buenas tardes y gracias por venir aquí a pasar este rato que confío les sea agradable.

Como puede leerse en la solapa del libro que tengo el honor de presentarles, casi toda mi vida profesional la he dedicado a la traducción,  en el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, en las Naciones Unidas y en otros organismos internacionales.

Hace casi nueve años me jubilé y desde entonces he podido hacer aquello a lo que me ha llevado la inclinación, algo que nunca imaginé que terminaría haciendo que es exégesis coránica en general y, en particular, en aquello que toca a las diferencias entre los sexos y a la discriminación contra la mujer que se suele atribuir al honrado Alcorán.

A la exégesis coránica he llegado por mi propia necesidad de cerciorarme y comprobar fehacientemente muchas cosas que se dicen, que se publican, que se difunden y sobre las que muchos musulmanes de ambos sexos nos hemos hecho preguntas con mucha frecuencia y con mucha preocupación. En el estudio de la lengua árabe he empleado muchos años de mi vida, hasta el punto de que alguna vez ya me ha hablado algún diablillo diciéndome: ¿Para qué le dedicas tanto tiempo a esto que no te va a traer nunca nada? Lo cierto es que, aunque quizás no tanto como hubiera querido, sí que lo empleé en las Naciones Unidas. Sin embargo, mis diablillos se acallaron cuando, como he dicho, empecé a dedicarme a la exégesis coránica.

Antes de seguir adelante, hay algo que quisiera dejar claro ya desde el principio: Ni el honrado Alcorán es misógino ni dice que la mujer deba obediencia al marido o a ningún varón ni tampoco somete a la mujer a leyes de virtud más estrictas que a los varones, ni permite que se murmure de ella por ningún concepto. Que esto no es algo que yo me invente por ese buenismo que tanto gusta atribuir hoy día a quienes tienen la osadía inaudita de hablar bien del islam lo puede comprobar cualquiera que lea el libro y siga la fundamentación que se hace de cada cosa que se dice.

Volviendo a mi trayectoria, podría decir que el honrado Alcorán me llegó en fases. Lo leí por primera vez cuando tenía veinte añitos en una traducción que no recuerdo de quien sería ni tampoco, en un plano doctrinal, cómo sería de ajustada. Lo que sí recuerdo es la impresión que me hizo, mejor dicho dos impresiones indelebles y principales. La primera fue el sentir y el decirme a mí misma, “Este que habla sí que es Dios”, este sí es Todopoderoso. La expresión de Dios en primera persona me llegó genuina y llena de majestad y poder efectivo. Mi otra impresión indeleble fue la que me dejó la narración coránica de nuestra señora Maryam. Lo mismo que la de Dios, esta fue la de hallarme ante algo verdadero, real, esta mujer al límite de sus fuerzas que pare a su hijo al pie de la palmera. No es una mujer de cuentecito de navidad ni ninguna experiencia edulcorada. Es la estampa de una mujer real a la que le pasan cosas reales y muy ingratas, por no decir horribles desde cierto punto de vista, la de una madre soltera. Esta mujer a la que Dios sí envía aliento y consuelo. También, pues, me dije: “Esta mujer sí es de verdad, esto si es real”

Mi vida como musulmana ha podido pasar por fases pero esas dos primeras y tajantes impresiones nunca han oscilado. La historia de Maryam, como si fuera la palmera a cuyas pies parió y de la que le cayeron dátiles de alimento, siempre ha sido para mí algo que se sostiene por sí solo y que no miente y que me dice clara y taxativamente que Dios sí quiere a las mujeres, como tales, sí que las entiende y sí que las cuida.

Luego hubo otras etapas, semejantes a las que muy a menudo echan para atrás a otras muchas mujeres que se acercan al islam y es que, una vez traspasadas y aceptadas las líneas fundamentales, a saber, la unidad divina, la relación directa del individuo con Dios sin sacerdocio intermediario, la falta de dogmas, la inocencia al nacer de todo ser humano, la certeza de la piedad y la verdad divinas…Una vez asumido todo esto, sobre todo si se es mujer, parece que viniera el tío Paco con la rebaja y nos encontramos con que se las acoge mal o,sencillamente, no se las acoge en las mezquitas, como si fuesen el sexo intruso o el sexo invitado, es decir no el titular de la mezquita sino al que se le deja entrar porque ellos son así de buenos; nos encontramos con esas aleyas del honrado Alcorán a las que se trata de quitar hierro y hacer presentables pero que damos por descontado que sí que ponen a la mujer a los pies de los caballos, es decir, a la merced de los varones, como aquella del “grado por encima” o la de “pegadlas” o la de que el que el testimonio de una mujer vale la mitad del de un varón, etc. etc.

Por estas vicisitudes he pasado yo y han pasado muchísimas mujeres. Tal vez no pasen aquellas que dan por buenas todas esas cosillas porque sienten que, de todas formas, el conjunto que se les ofrece las compensa. Yo me temo que no soy tan conformista y nunca lo he sido y, como yo, muchísimas mujeres y, ojo, también muchísimos varones.

Bien, como es patente, desde aquellos veinte añitos míos el mundo ha dado muchas vueltas. Algunas al derecho y algunas revés. En cuanto a las vueltas al revés, ha sido muchísimo el terreno ganado por el islam político en perjuicio de un islam tradicional que era más piadoso y de sentimiento personal y no tan militante o gustoso de exhibirse. El islamismo, como politización de la religión, ha ganado terreno pero dudo que la fe íntima y sincera, la espiritualidad genuina y la aspiración individual a la santidad se hayan visto favorecidas. Hoy hay ciertos ámbitos en los que se diría que si no exhibes el islama troche y moche no puedes llamarte creyente. Eso, en mi estimación, no deja de ser una actitud mundana que no ayuda a cultivar los sentimientos de piedad genuinos. Volviendo a mis veintitantos, recuerdo a los musulmanes con los que me encontraba con más sentido de la emulación y de renovarse espiritual y socialmente, sintiendo la religión como algo personal y no como algo que se lleva a guisa de uniforme y que deba estar siempre a la vista.

Pero pasemos a las vueltas que entiendo que se han dado al derecho. En el campo de la exégesis coránica y de las fuentes ha surgido la inquietud generalizada entre mujeres y varones por averiguar, por explicar si, efectivamente, el honrado Alcorán es misógino, si, efectivamente, el honrado Alcorán es intolerante con otras religiones o cultos, si restringe la libertad de conciencia. Son muchos los esfuerzos que se han hecho por salir de las camisas de fuerza en que, aunque no haya sido por voluntad deliberada de una mayoría de musulmanes, se ha conseguido ir metiendo a la exégesis “tradicional” hasta el estado actual en que prácticamente lo que nos llega es una interpretación coránica bastante uniforme que se atribuye al consenso general  de los sabios, a estos con o sin consenso o ambas cosas a la vez y que, según los sectores, puede no dejar un lugar legítimo a la diferencia de pensamiento.

A este respecto me gustaría aclarar algo, que para muchos será innecesario, pero que a mí el decirlo me deja más tranquila. Yo no soy historiadora y probablemente no tenga vida por delante para investigar la historia de quince siglos, desmenuzando a ver si esto o aquello en tal o cual año o década o siglo y en tales lugares fue así o asao, con el fin de decidir si de verdad ha habido o no consenso entre todos los sabios o menos sabios durante esos siglos. Concluyo, sin embargo, de mis propias lecturas, que el universo islámico siempre ha sido muy rico, muy diverso, con diferentes tendencias, opiniones y criterios; vivo, en suma. También que esas diferencias en general, salvo en las raras ocasiones en que a algún poderoso le dio por reprimir, nunca han inquietado a los musulmanes porque se consideraba que la diferencia era una merced divina. Es decir, el que hoy haya musulmanes que coincidan en dejar un margen muy estrecho a la divergencia, llevándose las manos a la cabeza al menor desvío de opinión o criterio en el entendimiento del honrado Alcorán, no es porque siempre haya sido así sino porque hoy, precisamente hoy, se pretende hacernos creer que solo eso es lo que hay y solo lo que ha habido siempre, aunque eso no sea cierto.

A los efectos de quienes estamos aquí y ahora, sí se ve y oye un monolitismo religioso entre musulmanes que pretende estar en posesión de la verdad y listo para calificar de no creyente a quien lo estime conveniente. Este islam de apisonadora no es el islam tradicional, aunque a veces se tenga tendencia a considerarlo así, y no es menos cierto que muchas veces sí que arrolla y barre con todo lo que encuentra a su paso, muy preferiblemente, y casi me atrevería a decir exclusivamente, a otros musulmanes. El islam amplio y diverso de la tradición se ve a la defensiva, atacado tanto por la islamofobia como por los monopolistas de la religión.

Aclarado este punto sigo, pues, con lo que estábamos, la renovación de la exégesis que surge tanto en los lugares donde ha estado asentado el islam durante siglos como entre los musulmanes conversos. Ambos entienden que las cosas no hay que echarlas debajo de la alfombra sino que se llega a un momento en el que hay que ventilarlas y volver a estudiarlas tantas veces como la raza humana sienta que cierto entendimiento de las cosas nos aleja de la verdad y la justicia en vez de acercarnos a ellas. Así es como en las últimas décadas se han hecho muchas exégesis por parte de pensadores de ambos sexos con el fin de encontrar explicación a las APARENTES contradicciones entre el texto coránico y los sentimientos de verdad, de justicia o, simplemente, de la mera lógica.

Hablando de la mera lógica, voy a ponerles un ejemplo que espero no resulte confuso: se trata de la aleya 228 de la azora II, La vaca.

En esta aleya se habla de algunos aspectos del divorcio y se sienta el principio general que dice, hablando de las divorciadas, que les corresponden, con toda equidad, los mismos derechos o privilegios que se exigen de ellas. Y lo que viene a continuación se suele traducir por “pero los varones están un grado por encima de ellas”, yo lo traduciría por “y los varones tienen una necesidad con respecto a ellas”. Bien, vale que en toda la aleya hasta ese punto no se haya hablado de varones sino de maridos, vale que no hay la conjunción “pero”, sino la conjunción “y”, vale también que la preposición que se suele traducir por “encima”, o “sobre” tiene en árabe muchos otros significados. En verdad, toda esta aleya merece un estudio exclusivo por las características sintomáticas que encierra de interpretar siempre, salga el sol, esté nublado, nieve o granice, barriendo para adentro hacia el predio masculino. Aquí me limitaré a señalar una sola cosa y es cómo una oración simple con la que se formula un principio de manera categórica sentando el derecho femenino, contra toda lógica, se pulveriza y se hace desaparecer como si no se hubiese dicho nada simplemente porque después viene otra que dice algo que, debidamente apañado, es mucho más conveniente para quien tiene interés en que el varón lo tenga todo y la mujer solo lo que él le deje tener y como si fuera un rasgo indisociable del honrado Alcorán el decir incoherencias y contradecirse a sí mismo y por tanto no hubiera nada que indagar ni objetar.

Además de por un lado este artilugio de deshacer con la izquierda lo que se hace con la derecha, hay otra manera de neutralizar el honrado Alcorán, concretamente en lo que respecta a las mujeres: Se diría que se aplica un hechizo a todo él por el que, si se menciona a una mujer o a varias mujeres o a las mujeres engeneral, nunca podrá ser para hablar de ellas como tales seres con existencia propia, sino que siempre, igualmente, truene, nieve o granice, ha de ser con respecto a algún varón o a varios varones o a los varones en general que son quienes realmente cuentan como personas por sí solas, mientras que, si las mujeres cuentan alguna vez, ha de ser por fuerza siempre referidas a los varones de los que son periféricas o accesorios.

Como he indicado, pues, llevamos unas décadas de feminismo islámico, es decir, de un movimiento por la recuperación de los textos religiosos genuinos vistos con ojos limpios de prejuicios antifemeninos, cosa que no es nada fácil ni mucho menos automática. La idea del hombre como idéntico con el varón y no idéntico con la mujer o con ambos está tan asentada en nuestro subconsciente y hasta en el consciente que no es fácil deshacerse de ella. El ser humano prototipo es el varón, la mujer un accidente. No se nos ocurre que la mujer sea el hombre, la especie humana, sin embargo, si hubiera que optar por un sexo para adjudicarle esa gloria, sería mucho más lógico tomar a la mujer que al varón. Naturalmente nadie está pensando en dar la vuelta a la tortilla sino que de lo que se trata es de que por los dos lados esté en su punto.Un experimento donde se puede ver cómo no somos imparciales y seguimos teniendo al varón por todo lo valioso y capaz y a las mujeres como advenedizas son los foros de internet. Cuando se usan nics claramente femeninos, la consideración en que se tiene lo que se dice con ese nic es muchísimo menor que cuando exactamente lo mismo lo dice un nic masculino. Por las mismas cosas, con un nic femenino te pueden hasta insultar, y con uno masculino recibir parabienes. Esta prueba es muy fácil de hacer.

La exégesis coránica está sujeta a los mismos condicionantes. Todos debemos luchar contra nuestros prejuicios, conscientes o inconscientes. Y es así como se ha hecho. Poco a poco, empezando por cosas que ahora pueden parecer nimias, se ha ido desempolvando rincones del honrado Alcorán que no habían visto una gamuza en muchísimo tiempo. El avance es rápido pero gradual y en él participamos muchas personas muy notablemente favorecidas por el medio de intercambio que supone internet. Aquí no me duelen prendas y, por ejemplo, puedo hablar de un medio español, el foro de Webislam, que ha sido un instrumento de primer orden en ese intercambio de estudios e ideas.

Otro tema que hay que abordar es la literalidad. He oído y leído muchas veces, hasta el punto de que casi parece una convención, que hay que abandonar la lectura literalista del honrado Alcorán porque, según este criterio, pareciera que es esa lectura literalista la que nos impide dar a las mujeres sus derechos, amén de llevarnos a otros dilemas que nos pasan factura a los musulmanes. Parece pensarse, según eso, que si tuviéramos más fantasías, podríamos tal vez hacerle decir otra cosa al honrado Alcorán. No estoy de acuerdo en absoluto con esa estimación. Por lo que yo he comprobado una y otra vez personalmente, lo que sucede es lo contrario, que esas interpretaciones misóginas de donde parten, precisamente, es de la falta de literalidad, de la fantasía, de la presunción de lo que el honrado Alcorán ha debido de querer decir y NO de lo que de hecho y literalmente dice. Un ejemplo en extremo sencillo: tomemos la aleya 4.1:

Dice: “4.1. ¡OH GENTES! Honrad a vuestro Sustentador, que os creó de una sola entidad viva y de ella creó a su pareja e hizo surgir de ambas a multitud de varones y de mujeres, y honrad a Dios, sobre Quien os preguntáis y honrad las matrices. Ciertamente, Dios nunca deja de observaros.

Vemos aquí en la mayoría de las traducciones que olímpicamente se desdeñan las matrices y se traduce esta palabra clara e inequívoca por lazos de parentesco. Evidentemente las matrices guardan relación con los lazos de parentesco pero desde luego palabras hay en el honrado Alcorán que indican esos lazos y la palabra matriz se emplea para significar matriz en otros casos y no se traduce por lazos de parentesco. ¿A qué jugamos? A la literalidad no, desde luego.

En el libro que amablemente se me ha invitado a presentar, entre otras cosas, se desmenuzan algunas aleyas del honrado Alcorán de esas que podríamos denominar “problemáticas”, de forma que se vea su luz y claridad. No obstante, aparte de aleyas de por sí, hay otras cuestiones de fondo y sistema en el honrado Alcorán.

Como dijo el gran pensador indio Ashghar Ali Engineer, que tanto hizo por la renovación del Islam, en el honrado Alcorán se considera a los varones desde el punto de vista de los deberes y a las mujeres desde el punto de vista de los derechos y, en general, en aquello en que puede diferir la experiencia vital de varones y mujeres, el honrado Alcorán considera a la mujer como el elemento básico y al varón en función de la mujer y nunca a la inversa.

También, cuando se quiere realmente diagnosticar lo que dice un texto o lo que se dice en general, no solo es interesante fijarse en lo que se dice, sino, casi tanto, lo es fijarse en lo que no se dice y tener mucho cuidado con nosotros mismos porque muchísimas veces ocurre que aquello que no dice ni implica, nosotros con nuestros propios prejuicios lo damos por descontado. ¿Qué cosas no dice el honrado Alcorán? Una cosa que el honrado Alcorán no dice es mal de las mujeres. Y esto es muy importante y muy significativo y lo distingue de aquellos textos o seudotextos, que sí lo hacen, muchos de ellos desde una autoridad religiosa. A este respecto voy a leerles un pasaje del libro en el que gloso este aspecto:

Leo:

"… en el honrado Alcorán, Dios no parece tener ningún interés en hablar mal de las mujeres, a diferencia de cierta clase de varones y de otras mujeres que se ceban a placer siempre poniendo en solfa el comportamiento femenino, como si eso fuera a explicar todos los males del universo, Dios no solo no habla mal de las mujeres sino que, muy por el contrario, maldice en esta vida y en la otra y anuncia castigos horrendos a quienes las arrastran por el fango y les causan daño. La voz de Dios, para con las mujeres y los profetas, es siempre amorosa, entrañable, llena de delicadeza. Pensemos una vez más en la azora de Yusuf. La mujer del jefe de Yusuf queda expuesta como quien intentó seducir a Yusuf a espaldas de su marido pero ni en su caso ni en el de todas las mujeres del lugar a las que subyugaron los encantos de Yusuf se dice media palabra de condena ni se echan pestes ni se comenta, es casi como si se las disculpase o, al menos, como si se las comprendiese. Dios tiene mucho más interés en destacar la hombría y fidelidad de Yusuf que en dejar mal parada a ninguna mujer. Delicadeza. Siempre delicadeza con las mujeres en el honrado Alcorán. Solo de la mujer de Abu Lahab en la azora de La cuerda trenzada se habla con condena después de hacerlo aún con más condena del marido."

Otra cosa que se le achaca al honrado Alcorán y que tiene su parte de verdad, aunque el motivo no es misógino sino todo lo contrario, es que en ocasiones se dirige a los varones diciéndoles lo que tienen que hacer con respecto a las mujeres y se ve eso desde la óptica de que ellos son los importantes y por eso se les habla. Pues no, no es eso. Ya he mencionado al pensador indio Ali Ashghar Engineer y como captó que el honrado Alcorán se dirige a los varones para hablarles de sus deberes. Y es así. No se va a dirigir a las mujeres para que estas peleen por que los varones hagan lo que les deben. No, Dios se dirige a ellos directamente y se lo ordena. Naturalmente nada impide a las mujeres pelear por sus derechos pero, si Dios, que es el que lo manda y puede mandar revela todo un libro y no les dice claramente esas cositas a ellos, pues podríamos pensar que ¡vaya, menuda ocasión para callarse! Dios, en efecto no se calla y habla claro a los varones, por más que no a todos les guste. Y luego, naturalmente, está la inmensa mayoría de mandamientos y recomendaciones que valen igual para varones que para mujeres. No murmuréis, no seáis agresores, sed leales, compasivos, serviciales, respetuosos de la intimidad propia y ajena, etc. etc. etc.

Con la insistencia, justificada, que hoy día se tiene en las cuestiones de género y la condición de cada sexo, es posible que, en el fondo, muchos nos sintamos ya fatigados de todo ello. ¡Con lo llano, facilito y sencillo que sería que no hubiera sexos, que fuéramos hermafroditas o asexuados! Todo esto de la sexualidad, con su carga fisiológica, emocional y pasional, nos trastorna, nos hace devanarnos los sesos, nos vuelve locos. ¿Por qué tenemos que existir en dos sexos? Son cosas que quizás parezcan tontería pero que, si hablamos de Dios, uno puede bien preguntarse.

Es de suponer que Dios hubiera podido hacer lo que le hubiera dado la divina gana y hubiera podido hacernos asexuados. O tal vez lo ha hecho, en algún universo que no conocemos. Lo que es seguro es que con nosotros no lo ha hecho y que aquí estamos. Pero entonces, la pregunta sigue en pie: ¿Por qué ha querido Dios complicarnos la vida? O, por formularlo más modosamente ¿Qué importancia tiene para nosotros el que existamos en dos sexos? ¿Qué ventajas o qué provecho puede querer Dios que saquemos de algo que nos complica tanto la existencia?

Pues veamos para ello cómo el propio honrado Alcorán nos explica nuestra existencia y nuestro destino.Como cosas o seres creados por Él, Dios nos hizo con el destino de volver nuevamente a Él. Esto es algo que se repite en el honrado Alcorán. Dios es el destino. Todo volverá a Él, de donde salió. Y nosotros, seres pensantes, conscientes de nosotros mismos, volveremos a Él precisamente como cosas que se han vuelto conscientes de sí mismas, es decir de Él. A Él nos lleva el destino. Y eso ¿qué quiere decir? Porque de hecho, si no entendemos mal, siempre y en todo momento estamos en su presencia y en su omnímodo poder. Dios existe por sí mismo y existirá siempre, sólo Él. Nosotros somos gotas de lluvia de la divina esencia, creación de su piedad infinita y omnipotente que volveremos a evaporarnos regresando a la nube divina.

Perderemos nuestra existencia separada mediante la aproximación cada vez más cercana a Él y la fusión.

En la especie que somos vemos, pues, que la diferencia entre un sexo y otro es de las más grandes que caben en la naturaleza y esas diferencias entre los sexos marcan indeleblemente el destino de cada individuo.

También, en el honrado Alcorán Dios nos dice que la Creación es conforme a la Verdad. Es decir, la Creación tiene sentido, nosotros tenemos sentido, todo tiene sentido, no es baladí, no es inútil, no es vacío, es todo lo contrario porque de lo que estamos hechos es de la divina rahma, la divina piedad.

Bismillahirahmannirahim… Con el nombre de Dios, El Todopiadoso, el Piadoso de Piedad. Con estos nombres se inicia el honrado Alcorán y con estos nombres se nos presenta y nos habla Dios, nombres de Piedad.

Con esos dos nombres divinos, el ar-rahman,ar-rahim, El Todopiadoso, el Piadoso de Piedad, nos sigue enseñando como debemos dirigirnos a Él:

La alabanza es a Él, cualquier alabanza que se formule siempre en todo lo que existe es Suya, el destinatario es Él, El todo piadoso el piadoso de Piedad, ¿Por qué? Porque es de su piedad divina de lo que estamos hechos, no de su ira, no de su fuerza, no de su podersino de Su Piedad. Nos está diciendo que nuestra esencia, aunque el ser humano deba cultivar todas las virtudes y dones divinos, en cuanto a su camino y naturaleza lo que nos marca como los seres que somos y  la forma en que hemos de volver a Él, es la Piedad. Esa es nuestra marca. No sé cuál sería la marca de los dinosaurios, ¿sería la astucia, sería la fuerza? Ellos ya volvieron, nosotros estamos en ello y nuestra marca es la Piedad, nuestra fuerza es la piedad divina encarnada en nosotros, dada en encomienda por Él, el Todopiadoso y Piadoso de Piedad, a nosotros, los seres humanos.

Todo en este universo está atado, pero de lo más atado que existe somos nosotros.Y ¿quién está más atado que una mujer? Nadie. Y, de nosotros, la mujer es el asiento humano de la rahma divina. Si Dios nos crea de Su Piedad, las madres crean gradualmente a sus criaturas de sí mismas, de su Piedad, de su sustancia. La palabra matriz en árabe, es rahim, plural arham, si esos que nos decía la aleya que leí antes que hay que honrar, de la misma familia y raíz, que la palabra rahma, piedad, y los nombres de Dios, rahman y rahim, Todopiadoso y piadoso de piedad. Las matrices pertenecen a esa familia, por eso somos hijos de la rahma. Honrar las matrices es reconocer la naturaleza humana fundada en la Piedad divina, es nuestra identidad como criaturas hacia la eternidad de la dicha perenne. Y por eso el honrado Alcorán manda honrar las matrices, formula las obligaciones y derechos en función de la mujer e impone al varón deberes de servicio y sostén a las mujeres. No a su esposa o a su madre. El mandamiento es general, los varones se deben ser sostén, apoyo y sustentadores de las mujeres sin contrapartida por parte de estas. La contrapartida de la mujer es para con Dios. Ella, guarda lo oculto guardado por Dios, el fruto de la rahma divina, los nuevos seres marcados por la rahma divina, y ella habrá de dar cuenta de su encomienda como mujer directamente a Dios. Igual que Dios dio a Maryam una encomienda que ella cumplió y Maryam jamás dio explicación a ningún mortal ni del cómo ni del cuándo ni del por qué. Así la mujer tiene la relación directa con Dios y su soberanía viene directamente de Él a ella.

Todo esto último está en la aleya 4.34, de la que en el libro se hace un estudio exhaustivo. Ni que decir tiene que está aleya es quizás la más traicionada, falseada y minada del honrado Alcorán. Me atrevería a decir, por ponerlo en términos de apariencia técnica, que es la aleya contra la que más atentados se cometen por centímetro cuadrado impreso. Eso que se dice en italiano de traduttore, traditore(traductor, traidor), se cumple en este caso a carta cabal.

Pero, respecto a esta aleya, me atrevería a decir también que es la que más capacidad de redención tiene por centímetro cuadrado.

¿Y los varones qué? ¿No valen para nada? Sí, sí que valen. De hecho, para ellos he dejado los mejor de esta presentación que es el final. Les voy a decir lo que valen los varones exactamente: Los varones valen tanto, tanto, como ellos se propongan valer. Yo, y supongo que como yo hay muchos, tuve la fortuna de tener un padre de esos que yo diría que son un honrado Alcorán andante. Me dejó huérfana siendo muy niña pero puedo decir que, si soy una persona luminosa algunas veces, es por la luz que él me dio. Pero hay una cosa. Las mujeres, por la carga fisiológica que nos impone la reproducción, de alguna manera estamos más atadas a las consecuencias de nuestros actos. El varón sin conciencia puede llegar a sentir que es dueño de hacer lo que le venga en gana y que por eso el mundo nunca se le va a caer encima. Hoy día la moral y los avances han hecho que la mujer no esté en la misma situación que hace cien años en el mundo llamémoslo “civilizado” pero sí sigue en este sentido estando siempre más atada que el varón, y no digamos ya si llega el embarazo y el nacimiento de hijos. Aunque, una vez nacidos pudiera abandonarlos, no es tan fácil ni desde el punto de vista emocional ni social. ¡Qué va! Entonces, de alguna manera y hasta cierto punto, se podría decir que la mujer nace y el varón se hace. Lo que la naturaleza no le impone, él debe imponerse a sí mismo para cumplir su función social. En fin, un buen varón, para el sentir femenino, es el colmo de la hermosura. ¡Ahí están las mujeres a las que se les nublaban los sentidos ante el profeta Yusuf. Y con eso está dicho todo.

En relación precisamente con los varones, voy a hablar de los profetas. Sabemos que hay muchos varones musulmanes que se toman casi como una distinción el que solo los varones sean profetas (según creen ellos). Si solo los varones son profetas, eso los hace como si fueran accionistas en un negocio común. Lo cierto es que sí, que la gran mayoríade los profetas que aparecen en el honrado Alcorán son varones. Yo, enmi modestia, me atrevo a creer que Dios no hizo eso para halagar la vanidad de nadie ¿Entonces por qué? Veamos: ¿cuál es la misión de un profeta ante la Humanidad? Según entendemos y nos dice también el honrado Alcorán, Dios envía profetas y mensajeros para transmitir sus palabras y advertencias y DAR EJEMPLO. La respuesta entonces viene sola y por varios motivos ¿Quién necesita más ejemplo, los varones que lo tienen facilísimo para escaquearse de sus deberes de progenitores y de cualquier otro deber porque para eso no tienen ninguna carga fisiológica y en cambio tienen fuerza física para imponerse o las mujeres, atadas, como ya dijimos, atadísimas, y en inferioridad de condiciones de fuerza de pegada? Creo que la cosa se responde sola. ¿Quién necesita más ejemplo en una sociedad que prima al varón y desdeña a la mujer? Parece claro que son los varones los que necesitan ese ejemplo y TODOS LOS PROFETAS VARONES de los que se narra en el honrado Alcorán dan ejemplo de mansedumbre, de abnegación, de servicio a sus mujeres y a su comunidad, de respeto a las mujeres y a los indefensos. Pensemos en Yusuf, de quien ya hemos hablado, pensemos en Muhammad (saws), quien de puro no exigir absolutamente nada a sus mujeres, Dios intervino para ayudarle a sacar adelante sus relaciones en lo que pudiera perjudicar a su misión. El Profeta no parecía que fuera a decir ni mu ni a quejarse. El profeta Lut, quien ni siquiera a riesgo de que su mujer sufriese el castigo divino, se permitió darle ninguna orden, comodicen algunos que, siendo el marido, hubiera tenido derecho a hacerlo. Cuidado que salen profetas en el honrado Alcorán. Salen muchos, sí, y varones, pero ninguno da órdenes a ninguna mujer incluidas las suyas.

Saquen ustedes las conclusiones. Los profetas en el honrado Alcorán son un ejemplo acabado de respeto a las mujeres y a su soberanía total. Está visto que para algunos es más fácil vanagloriarse de que todos los profetas sean varones que de seguir el ejemplo de esos mismos profetas.

Otro motivo de por qué los varones en el honrado Alcorán son la mayoría de los profetas es también bastante fácil de comprender. Si a Maryam, para que no la atropellasen, Dios le indica que guarde silencio y dé a entender que ha hecho voto de silencio, nos podemos imaginar si salen mujeres por ahí a decirles a los varones que no son el acabose y que en realidad tienen un papel en función de las mujeres.

Ya he hablado antes de que el comportamiento de Dios con las mujeres es, como con los profetas, de delicadeza, sí, ya que son el asiento de su rahma. Dios también dice de los profetas que son una rahma divina, un acto de piedad divina. Es algo afirmado también por la gente del camino espiritual que el grado espiritual más elevado es el servicio. Servir es la máxima categoría espiritual. Todos los varones no serán profetas pero tienen a su alcance la más elevada satisfacción espiritual precisamente por el servicio. Eso amén del amor de sus allegados. Eso no es algo que haya que leer en ningún libro. Eso muchas mujeres lo podemos certificar porque hemos podido comprobarlo directamente. Los varones buenos y serviciales son como flores plantadas en el corazón, que siempre florecerán para alegría nuestra y cuyo perfume jamás deja de enamorar. Esos dos sexos que ha creado Dios son para nuestra especie un favor, una honra y una dignidad, la Piedad divina que se vuelve maestra y nos enseña a conciencia nuestro camino y nuestra necesidad de agradecer infinitamente la honra de ser hombres, la honra de ser mujer y la honra de ser varón, cuando se aceptan, como la bendición que son, tan elevadas encomiendas.

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