Carta Pastoral en ocasión del Año Mariano Diocesano

Carta Pastoral en ocasión del Año Mariano Diocesano

En ocasión del Año Mariano Diocesano, que transita la Iglesia de San Francisco al cumplirse 300 años de la presencia de la “Virgencita” en el santuario de Villa Concepción del Tío, el obispo diocesano, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, dirigió a los fieles una carta pastoral. 

El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, dirigió a los fieles una carta pastoral con motivo del Año Mariano Diocesano que se celebra al cumplirse 300 años de la presencia de la “Virgencita” en el santuario de Villa Concepción del Tío. 

Teniendo en cuenta el relato evangélico de la Visitación de María, el prelado invita a los fieles “a contemplar este misterio desde el lugar de visitados: Zacarías, Isabel y Juan el Precursor”. Desde allí, llamó a descubrir que “hemos sido visitados por María”. 

“Es más: lo somos ahora mismo”, afirma, y sostiene que “María no deja de recorrer los caminos de nuestra vida para acercarse a nosotros con su sonrisa, su fe, su canto de alabanza y, sobre todo, con el Niño que lleva en sus entrañas. Y, como a Isabel y a Juan, el corazón nos salta de alegría: ‘¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme?’”, señala. 

A partir de allí, el prelado comparó el texto bíblico con “la visita de María” que se hace visible en el espacio sagrado que custodia el Santuario de la Virgencita, en Villa Concepción del Tío. “Traigamos a la memoria las veces que lo hemos visitado, en la Peregrinación Juvenil, por ejemplo. Desde hace trescientos años nos acompaña su bendita imagen. El presente Año Mariano Diocesano expresa nuestra gratitud por su presencia materna”, afirma. 

“¡Cuántas veces hemos visitado su Santuario! Pero, ¿no hemos experimentado que es Ella la que, en realidad, se ha acercado a nosotros?”, pregunta el obispo, y asegura que “el Santuario hace visible un encuentro de gracia: rostros que se miran, corazones que se abren, plegarias que, del corazón, suben a los labios y se depositan entre las manos entreabiertas de María”. 

En ese sentido, enumera otros “lugares marianos” de la diócesis: Villa del Tránsito, Plaza de Mercedes, el gran santuario de María Auxiliadora en Colonia Vignaud. Y menciona también las fiestas patronales de parroquias o capillas dedicadas a la Madre de Dios, con sus triduos, novenas, fiestas populares, procesiones y liturgias celebradas con honda fe. Algunas multitudinarias, otras con pequeños pero fervorosos grupos de fieles. 

Luego propone pasar de los santuarios, templos y fiestas marianas “a la vida de cada día”: En las cosas “tan concretas como una estampa o un cuadro de la Virgen en casa; el rosario en el bolsillo o en el cuello o, sencillamente, un avemaría recitado en silencio”. Así, considera el prelado, “María toca nuestra vida cotidiana y también rutinaria. Así, ella, como en Caná, nos alegra con el buen vino del Evangelio. Es madre y compañera en el camino de la fe”. 

Monseñor Buenanueva describe a María como “una persona real, presente y activa. No un personaje del pasado que nos ofrece bellos ejemplos morales. El pueblo de Dios tiene de ella una experiencia muy concreta y viva. Sabe de su maternidad en medio de las circunstancias de la vida, especialmente las más complicadas”, explica. 

Por eso, afirma que “cuando peregrinamos a nuestros santuarios o sencillamente pasamos las cuentas del rosario hacemos una experiencia muy concreta de la presencia de María en nuestra vida. La sentimos junto a nosotros, tomándonos de la mano para transitar el camino del discipulado”. Citando el Documento de Puebla, añade que “sin María, el Evangelio se desencarna, se desfigura y se transforma en ideología, en racionalismo espiritualista”. 

“En este Año Mariano Diocesano que estamos transitando, los invito a mirar la propia experiencia personal y comunitaria de la presencia de María. ¿Quién nos enseñó a invocarla? ¿La sentimos con nosotros? ¿En qué ocasiones hemos experimentado su presencia? ¿Quizás no hemos desarrollado todavía la dimensión mariana de nuestra vida cristiana?”, propuso. 

Retomando las orientaciones del Plan de Pastoral Diocesano, el obispo ofrece “algunos itinerarios espirituales y pastorales a recorrer, de manera más intensa durante este Año Mariano Diocesano que estamos transitando”. 

“El núcleo del Plan de Pastoral es el encuentro con Jesucristo que pone en marcha el discipulado misionero, hace de la Iglesia una comunidad en salida, en camino de reforma y conversión pastoral y nos acerca, como María en la Visitación y en Caná, a las necesidades concretas de los pobres”, expone, y detalla diferentes orientaciones a tener en cuenta en este período: sentirse “pueblo en camino”; redescubrirse “primereados” por el amor de Dios; mirar a María “como la más perfecta discípula de Jesús” y como “la imagen más lograda de la Iglesia misionera”; mirar a María como “mujer fuerte y libre, cercana a los pobres” y “repasar lo que los Evangelios dicen de María”. 

Finalmente, y teniendo en cuenta el lema del Año Mariano Diocesano; “Bajo tu mirada, Madre, seguimos caminando”, monseñor Buenanueva recuerda que “la mirada de María nos alcanza cada vez que peregrinamos a su santuario (a la Villa o a cualquier otro lugar mariano de nuestra vida). Y, en la mirada de la Virgencita nosotros percibimos la mirada vivificante de Cristo resucitado. Los ojos de María nos alcanzan la mirada del Dios que ama la vida”, sostiene. 

“En esa mirada encontramos descanso para nuestra vida, pero también nos anima a seguir transitando los caminos de la fe, la misión y el servicio. Somos parte de una Iglesia peregrina y misionera que, en todas sus expresiones (parroquias, colegios, movimientos y asociaciones, consejos y encuentros pastorales) favorece la comunión, la participación y la sinodalidad para anunciar el Evangelio”, considera, y asegura que “María y los santos son sus miembros más insignes. También los difuntos por quienes, cada día, ofrecemos el sacrificio eucarístico. Que la mirada de María ilumine nuestra mirada para ver a la Iglesia en toda la profundidad gozosa de su misterio”, desea el prelado. 

“María también nos ayuda a vivir con pasión nuestra misión como ciudadanos. Inspirados por el testimonio del Santo Cura Brochero y de tantos cristianos insignes, renovemos el compromiso por el bien común de nuestra Patria. Hoy, ese compromiso tiene algunos acentos particulares, entre ellos: trabajar por la cultura del encuentro, la inclusión y el cuidado de la casa común”, concluye.

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