Carta a los nuevos cardenales: "La púrpura no es un premio, sino un servicio"

Carta a los nuevos cardenales:

“Mantenerse en humildad en el servicio no es fácil cuando se considera el cardenalato como un premio, como culmen de una carrera, una dignidad de poder”, advirtió Francisco en la carta enviada a cada uno de los nuevos cardenales que recibirán el anillo cardenalicio durante el Consistorio del 14 febrero. 

En la misiva, -dada a conocer recientemente- el Pontífice les recuerda que el cardenalato es un llamado del Señor a servir con humildad.

“Pido al Señor que te acompañe en este nuevo servicio –escribe Francisco–, que es un servicio de ayuda, apoyo y especial cercanía a la persona del Papa y por el bien de la Iglesia. Y justamente para ejercer esta dimensión de servicio, el cardenalato es una vocación. El Señor, mediante la Iglesia, te llama una vez más a servir; y te hará bien al corazón repetir en la oración la expresión que Jesús mismo sugirió a sus discípulos para mantenerse en humildad: “Digan: ‘somos siervos inútiles’”, y esto no como fórmula de buena educación, sino como verdad después del trabajo, ‘cuando hayan hecho todo lo que se les ordenó’”. 

“Mantenerse en humildad en el servicio –añade Francisco– no es fácil cuando se considera el cardenalato como un premio, como culmen de una carrera, una dignidad de poder o de distinción superior. De aquí tu empeño cotidiano para mantener lejos estas consideraciones y, sobre todo, para recordar que ser cardenal significa incardinarse en la Diócesis de Roma para dar en ella testimonio de la Resurrección del Señor y darla totalmente, hasta la sangre, si es necesario”. 

El Papa concluye la carta aconsejando festejarlo sin mundanidad. “Muchos se alegrarán por esta vocación nueva, y como buenos cristianos, harán fiesta -porque es propio del cristiano alegrarse y saber festejar-”. 

“Acéptalo con humildad”, pidió, y “solo hazlo de modo que, en estos festejos, no se insinúe el espíritu de mundanidad que aturden más que la 'grapa' (un tipo de licor) en ayunas, desorienta y separa de la Cruz de Cristo”. 

Por último, se despidió exhortando a que se preparen “con la oración y un poco de penitencia” y tengan “mucha paz y alegría”.

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