El arzobispo de Rabat: con el Papa “samaritanos” para los migrantes

El arzobispo de Rabat: con el Papa “samaritanos” para los migrantes

En la inminencia del viaje de Francisco a Marruecos, las expectativas de la comunidad católica y del pueblo, la convivencia con los musulmanes, el futuro del diálogo interreligioso, el cuidado de los más pobres. Todo ello en la entrevista con Cristóbal López Romero

Aceptando la invitación del rey Mohamed VI y de la Iglesia local, el 30 y 31 de marzo, el Papa Francisco visitará Marruecos. En el país del norte de África, 37 millones de marroquíes son musulmanes sunitas de rito malaquita, mientras los católicos representan una minoría exigua: 30 mil personas que pueden contar con unos cuarenta sacerdotes que dependen de dos diócesis, la de Tánger, la más pequeña, y la de Rabat, cuyo territorio es más grande que toda Italia (viven allí 33 millones de personas). Los católicos son extranjeros y pertenencen a alrededor de 100 nacionalidades: un grupo muy consistente es el que constituyen jóvenes de los países suhsaharianos que viajan a Marruecos para estudiar. Para todos ellos las universidades son gratuitas y pueden contar con pequeñas becas para estudiar de la Unesco. Un segundo grupo, también numeroso, está conformado por extranjeros que trabajan en la diplomacia o en las empresas. Hay también muchísimos migrantes de los países subsaharianos que tratan de llegar a las costas europeas. En Rabat, la capital, el papa Francisco será recibido por el arzobispo de la ciudad, el salesiano Cristóbal López Romero. Español, de 66 años, ha ejercido su ministerio en Paraguay, España, Bolivia y Marruecos, en donde, de 2003 a 2010, fue párroco de Kenitra y dirigió la escuela de los salesianos. El 27 de diciembre de 2017 fue elegido para guiar la diócesis de Rabat. En esta conversación con Vatican Insider, el padre López reflexiona sobre la visita del Papa.

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¿Con cuáles sentimientos espera la comunidad católica al Papa Francisco? ¿El pueblo marroquí parece estar interesado en esta visita? 

«Nosotros, los católicos, esperamos a Francisco con los brazos abiertos, llenos de alegría: esperamos que nos confirme en la fe, que infunda esperanza en nuestros corazones y que nos ayude a amar más profundamente. Fe, esperanza y caridad son los dones que nosotros deseamos. Los católicos, además, esperan que el Papa los anime a seguir con confianza por el camino emprendido y que reconozca que esta Iglesia (tan bella en mi opinión) es sana, saludable, vital, importante y necesaria para este país. Entre los marroquíes, informados de esta visita gracias a las noticias que han difundido en estas últimas semanas los medios de comunicación, veo curiosidad y, entre los que ya conocen a la Iglesia, también contento: existe la convicción de que la presencia y los gestos del Pontífice reforzarán el diálogo interreligioso, apoyarán al islam moderado que se vive en el país y la buena convivencia en la que se relacionan los cristianos y los musulmanes cotidianamente».

¿Puede hacer un retrato de la Iglesia católica en Marruecos, que usted acaba de definir como “bella”? ¿Cuáles son las bellezas que la caracterizan y cuáles las dificultades que debe afrontar?

«Con 30 mil católicos provenientes de cien países, esta Iglesia (realmente católica, universal) es bella precisamente por la diversidad de experiencias, de tradiciones y de maneras de vivir la relación con el Señor. Esta diversidad constituye al mismo tiempo una dificultad, puesto que hay que empeñarse para vivir en comunión, para construir unidad a partir de la diversidad. Es una Iglesia bella también por su juventud que la abre al futuro, una juventud cargada de sueños. La edad promedio de los católicos es de 35 años (la mayor parte de ellos tiene entre 18 y 30 años). Esto también constituye un problema puesto que muchos fieles son estudiantes universitarios que se quedan en el país por 4 o 5 años y luego se van, pero son sustituidos por nuevos que llegan. Desde el punto de vista pastoral, siempre tenemos que volver a empezar.

Y luego está la dimensión ecuménica: las relaciones con los protestantes (unos 10 mil fieles) y con las pequeñas comunidades de los ortodoxos y de los anglicanos son óptimas, vivimos en fraternidad. Hemos creado el Consejo Ecuménico de las Iglesias, trabajamos juntos y nos ayudamos: por ejemplo, nosotros, los católicos, si se necesita ponemos a disposición de los fieles de las demás confesiones algunos espacios. También hemos fundado el centro ecuménico Al Mowafaqa (“El Accordo”), presidido por mí y por la pastora de la comunidad protestante de Rabat, en el que se estudia la teología cristiana y, al mismo tiempo, se presta particular atención al diálogo con los musulmanes y a la islamología. Del Consejo Ecuménico de las Iglesias forman parte, sin embargo, los pentecostales: esto, para nosotros, constituye una herida, porque quisiéramos que todos los cristianos pudieran ofrecer testimonio del amor del Padre juntos, trabajando unidos por el bien de todos, como pide Jesús. Para concluir, pero no es el último de los motivos, esta Iglesia es bella porque es samaritana: con generosidad y dedicación cuida a los que viven en la pobreza y en el sufrimiento. Desgraciadamente, si, por una parte, ser una pequeña grey nos convierte en una familia, por la otra no nos permite llegar a todos los que están postrados por las durezas de la vida: nosotros, los católicos nos hemos hecho presentes en todas las ciudades».

¿Cómo es el país que encontrará Francisco?

«Marruecos, fuertemente anclado a las propias tradiciones religiosas y culturales, es un país que ya ha emprendido un camino de moderación y puede ser definido avanzado en algunos de sus sectores (los transportes, por ejemplo). A pesar de los importantes esfuerzos que ha hecho el gobierno, siguen existiendo pasos que dar en los campos de la salud y de la educación: el 25% de las personas todavía es analfabeta. Las relaciones entre cristianos y musulmanes, por lo general, son muy buenas: los cristianos son respetados y apreciados. Podemos profesar libremente nuestra fe y trabajar en paz».

¿A qué se debe la calidad de las relaciones entre cristianos y musulmanes?

«Es mérito de la sociedad marroquí, que siempre ha sido abierta y tolerante; es mérito de los cristianos, que se gastan generosamente por el bien de todos, y no solo en el presente (la presencia franciscana data de hace 800 años), y también es mérito de la máxima autoridad del país: en Marruecos, el rey es también la máxima autoridad religiosa, puesto que tiene el título de “Comendador de los creyentes” y, en este papel, tiene la tarea de proteger también a los cristianos y a los hebreos: el rey Mohamed VI, con su comportamiento, honra este título».

Aunque en Marruecos no existan comisiones dedicadas específicamente al diálogo interreligioso, el diálogo con los musulmanes existe y es fecundo…

«Es precisamente así: existe el “diálogo de la vida”, es decir la proximidad, el acuerdo que vincula alas personas cristianas y musulmanas en la vida cotidiana. Un segundo nivel del diálogo es representado por las diversas formas de colaboración que han nacido entre cristianos y musulmanes, que trabajan juntos por los derechos humanos, la promoción de las mujeres, la educación, la salud, la lucha contra el trabajo infantil. También hay pequeños grupos de fieles que se encuentran periódicamente para conocerse y profundizar la visión cristiana y musulmana de la vida. Creo que la visita del Papa dará un fuerte impulso al diálogo, puesto que el pueblo marroquí podrá conocer al Pontífice y comprender mejor a la Iglesia católica. Pero creo que, como en cada viaje del Papa Francisco a un país de mayoría musulmana, este viaje tendrá repercusiones en todo el mundo a nivel del diálogo interreligioso. Pienso, por ejemplo, en la reciente visita que hizo a los Emiratos Árabes Unidos y en el documento sobre la Fraternidad Humana, un texto que comienza a estudiarse en muchos países y que representa un progreso de enorme importancia para la construcción de la paz, para la tutela de la dignidad de cada ser humano y para la convivencia entre los pueblos».

El sábado 30 de marzo, el Papa se reunirá con los migrantes, de los que ustedes se ocupan desde hace tiempo con el programa Qantara. ¿Cómo se estructura la asistencia que ustedes ofrecen?

«La asistencia para los migrantes es el sector en el que estamos más comprometidos, si se considera el número de personas asistidas: más de 8 mil cada año. De ellos, el 75% proviene de Camerún, Costa de Marfil y Guinea Conakry. El programa Qantara (“Puente”) dura varios años y para él hemos otorgado un millón y medio de euros al año, mediante la Caritas local (y gracias al apoyo, entre otros, de la Caritas italiana); se ocupa de los migrantes gracias al generoso compromiso de médicos, psicólogos, educadores, profesores, mediadores culturales: garantizamos asistencia médica y psicológica, educación escolar a los menores de edad, formación profesional e inserción en el mundo del trabajo.

En Marruecos también el gobierno trata de hacer su parte: todos los migrantes que llegan aquí tienen derecho a la asistencia sanitaria básica y a los menores de edad se garantiza la educación escolar. Además, muchísimos (solo recientemente 50 mil) fueron regularizados. El encuentro del Papa Francisco con los migrantes constituye, en mi opinión, un mensaje claro e inequívoco dirigido no solo al pueblo marroquí, sino a toda la Iglesia, a todos esos católicos que en Italia, España, Europa se oponen, incluso vigorosamente, a la presencia de los migrantes en sus territorios y no logran reconocerlos como hermanos. Desde hace años, el Papa (no solo con las palabras, sino también con los gestos) invita a los fieles a ensanchar el corazón, a no cerrarlo en la indiferencia y en el hastío. Al mismo tiempo, pedirá compromisos para tratar de cambiar el actual sistema económico, que provoca dolorosas injusticias, para que todos puedan vivir dignamente en sus países y para que puedan (ejerciendo un legítimo derecho) migrar con seguridad, si lo desean».

Usted dijo que la Iglesia marroquí es “samaritana”: además de los migrantes, ¿de quienes se ocupan ustedes?

«Asistimos a las familias marroquíes más pobres, organizamos actividades para la promoción de las mujeres, nos ocupamos de escuelas y centros de formación, de pequeños hospitales y de dispensarios. Es paradigmático de nuestro compromiso el Centro rural de los servicios sociales de Témara (cerca de Rabat) que el Papa Francisco visitará el 31 de marzo: este centro fue fundado por los jesuitas, pero después cedieron la pequeña escuela agrícola y encomendaron la gestión de los demás servicios a las monjas Hijas de la Caridad de San Vincenzo de Paoli. Hay un dispensario que ofrece asistencia a las personas gravemente quemadas y a los enfermos psiquiátricos indigentes que no logran ni siquiera comprar las medicinas necesarias, una guardería para 50 niños, un espacio para ejercitarse después de la escuela, al que asisten unos 80 niños todos los días y un comedor que garantiza una comida caliente a estos pequeños, que nacieron en familias muy pobres. Las monjas cuidan amorosamente a las mamás que viven en graves dificultades económicas, organizando cursos de costura, de formación profesional y de promoción social».

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