El arzobispo de Buenos Aires celebró misa por Mama Antula

El arzobispo de Buenos Aires celebró misa por Mama Antula

El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, presidió anoche la misa en honor a la venerable María Antonia de Paz y Figueroa, con motivo de la reciente declaración de Sepulcro Histórico Nacional al mausoleo que guarda sus restos, en la iglesia Nuestra Señora de la Piedad, ubicada en el barrio de Balvanera en la Capital Federal.

La celebración fue organizada por la Sociedad Hijas del Divino Salvador y contó con la asistencia de numerosos fieles que siguieron con atención las palabras del cardenal Poli.

El purpurado hizo referencia a las cualidades que hicieron de Mama Antula merecedora del título de venerable, al tiempo que anheló que pronto se llegue a su beatificación. También dijo que fue un merecido reconocimiento que el mausoleo que guarda sus restos en la pequeña capilla porteña, haya sido declarado Sepulcro Histórico Nacional.

Decreto

El pasado 2 de octubre, la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, firmó el decreto mediante el cual se declara como Sepulcro Histórico Nacional al mausoleo que guarda los restos de la venerable María Antonia de Paz y Figueroa, situado en la nave lateral derecha de la iglesia Nuestra Señora de La Piedad, ubicada en la calle Bartolomé Mitre esquina Paraná, en la ciudad de Buenos Aires.

En los fundamentos de la resolución se señala que “sor María Antonia de Paz y Figueroa (o María Antonia de San José o Mama Antula) fue una figura femenina de relevante protagonismo espiritual y social en tiempos coloniales” y que, “habiendo profesado votos de castidad, pobreza y obediencia en la provincia de Santiago del Estero, a los 17 años, recibió la túnica negra, hábito de San Ignacio de manos de los padres Jesuitas residentes en dicha ciudad”.

El decreto presidencial enumera a continuación las circunstancias de la vida y obra de Mama Antula hasta su muerte y la causa de beatificación.

Mama Antula falleció el 7 de marzo de 1799 en la celda 8 de la Santa Casa, que aún hoy se conserva. En señal de humildad fue enterrada en la iglesia de La Piedad, sin ataúd ni epitafio alguno, revestida con el hábito negro y un rosario al cuello. 

Las hermanas de la Congregación, en previsión futura y para poder localizar la sepultura con el paso de los años, le colocaron un leño de ñandubay como almohada. 

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