Aldo Duzdevich: "Durante la dictadura, Bergoglio arriesgó mucho más que los que lo critican"

Aldo Duzdevich:

El autor de “Salvados por Francisco” recogió más de 25 testimonios sobre el accionar del futuro Papa en esos años. Su libro reconstruye el clima de época y elude los anacronismos tan frecuentes en esta temática. Accesoriamente, desmiente las teorías en boga sobre la Triple A, exponiendo el verdadero origen de las bandas que actuaban bajo esa sigla

Por Claudia Peiró

"Cuando me dicen ¿cuántos salvó Bergoglio?, yo replico ¿vos a cuántos salvaste?", dice Duzdevich en esta charla con Infobae que versa sobre la conducta de un sacerdote de 30 y pico de años que muy joven se vio al frente de la Compañía de Jesús en tiempos extremadamente difíciles. Y sobre la infame acusación que debió enfrentar en 2010. Recordemos que dos sacerdotes jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jalics fueron secuestrados el 23 de mayo de 1976 en Flores y liberados cinco meses después. Bergoglio fue acusado de haberlos entregado, cargo que luego mutó en haberlos desprotegido. No llegó a ser imputado, pero debió declarar como testigo. "Bergoglio soportó un duro y humillante interrogatorio por parte de los jueces (…) y los abogados querellantes Luis Zamora y Myriam Bregman, quienes en todo momento intentaron llevarlo al lugar de imputado", escribe Duzdevich que retraza esa historia en detalle.

Salvados por Francisco (PRH, 2019) es también una reconstrucción de cómo organizaron los militares la represión, de los debates y corrientes dentro de la Iglesia, de la formación, influencias y pensamiento de Jorge Bergoglio y de las muchas gestiones que, calladamente, sin jamás hablar de ello, hizo el futuro Papa para ayudar a amigos,subordinados o simplemente gente que golpeó a su puerta.

Aldo Duzdevich militó en Montoneros pero rompió con la organización en 1974, con la escisión llamada "Lealtad"  y hace varios años que se dedica a estudiar la década de los 70. Es coautor de La lealtad, los Montoneros que se quedaron con Perón.

— Cuando vi el título del libro, recordé el de un periodista italiano, La lista de Bergoglio, con testimonios de la gente que el actual Papa salvó. Pero la novedad en tu trabajo es que está muy bien explicado el contexto en el que sucedieron las cosas. Y eso es interesante porque el principal problema cuando se debatió el papel de Bergoglio en la dictadura fue el desconocimiento del contexto, lo que lleva a juicios disparatados y comentarios anacrónicos.

— Exactamente. Yo leí el libro de Nello Scavo cuando empecé con la investigación, tuve que buscarlo en una librería católica porque no es muy conocido. La primera sensación fue de vergüenza porque ¿cómo?, ¿un italiano vino a hacer lo que ningún argentino ha hecho? Es decir, el Papa argentino ha sido calumniado en nuestro país y resulta que tuvo que venir un italiano a decir: miren señores, Bergoglio hizo esto, esto y esto. Pero es cierto lo que decís, un extranjero no tiene la comprensión del contexto que tenemos nosotros.

— O que deberíamos tener.

— O que deberíamos tener. Sí, y yo digo que también tengo esa comprensión porque me he dedicado estos últimos años a investigar sobre los años 70 y porque fui partícipe de esa historia. Entonces eso me da una ubicación contextual mayor de la que tiene hoy cualquier historiador o periodista menor de 60 años. El año pasado, cuando fue lo del "2×1", hubo medio millón de personas en la calle. Pero el 14 de abril de 1977, cuando ya había más de 4.000 desaparecidos, en la Plaza de Mayo, en la primera ronda de Madres, eran catorce. Entonces uno se pregunta ¿y los otros 4.000 madres y padres dónde estaban?

— No solo eso, incluso en el exterior, hasta el año 1978, 1979, se afirmaba todavía que la represión en la Argentina había sido mucho más leve que en Chile. Como los militares chilenos hicieron casi todo de modo visible, a diferencia de lo que pasó acá, se creía que lo de Chile había sido mucho peor.

— Porque hubo dos acciones de represión: la primera, que fue la visible -después supimos por Videla que se llamó "Operativo Bolsa"-, consistió en detener en los primeros días y desde la noche del 24, a cuatro mil y pico de personas, empezando por Isabel, siguiendo por sus ministros, Antonio Cafiero por ejemplo, gobernadores, como Carlos Menem, sindicalistas como Lorenzo Miguel, etcétera. Eso tuvo por finalidad evitar cualquier intento de resistencia pero además mostrar la represión. Ahí están los presos políticos, hay 4.000. Y por abajo, en la más total y absoluta clandestinidad, empezó una política represiva…

— …de exterminio.

—… tremendamente eficiente, que apuntó a las organizaciones armadas, al ERP, que prácticamente fue desmantelado en los primeros tres o cuatro meses del golpe, y a Montoneros. Hay un testimonio de Taty Almeida [N. de la R: integrante de Madres de Plaza de Mayo], muy sintomático. Su hijo era militante del ERP, lo habían secuestrado antes del golpe. En su familia eran todos militares, ella tenía mucho vínculo con los militares, hablaba con (el general Albano) Harguindeguy, que le decía "fueron los peronistas". Y ella cuenta: "Cuando vino el golpe yo me alegré, ahora están mis amigos y me van a devolver a mi hijo, pensé". Y agrega: "Recién en el año 81/82 yo me acerqué a las Madres de Plaza de Mayo". O sea, miremos el tiempo que pasó.

— Sí, el tiempo que le tomó darse cuenta.

— Que una madre, que tenía un hijo secuestrado, tal vez ya asesinado cuatro años atrás, haya tardado todo ese tiempo en darse cuenta de lo que estaba pasando, nos lleva a ver la importancia del contexto: qué veíamos los que estábamos aquí en el país en ese momento.

— El otro tema era el terror. Porque hasta hubo casos de familiares arrestados o secuestrados por ir a reclamar. Es decir, pedir una audiencia con un alto jefe militar para reclamar por un detenido o desaparecido era en sí mismo un riesgo. Eso tampoco se contempla, hay quien cree que se podía ir y tocar el timbre en la ESMA y decir: ¿es verdad que acá están?

— Vengo a pedir que liberen a Fulano… A veces, cuando conversamos estas cosas con viejos compañeros, me dicen pero cuántos salvó Bergoglio y yo digo momento, ¿vos a cuántos salvaste? Porque yo no salvé a nadie, yo me salvé yo, me fui a vivir a Neuquén, y me quedé quietito.

— Justamente, repasemos la acusación contra Bergoglio: un ex miembro de una organización armada, Montoneros, que dejaba a su gente desprotegida, cuando no la regalaba directamente, mandándola al muere en operaciones suicidas o merced a políticas delirantes, como el pase a la clandestinidad en 1974, que dejó a todos los militantes, de la JP, la JUP, la UES, militantes de superficie, expuestos como cara visible de una organización ilegal que le había declarado la guerra al gobierno democrático; retomo, un cuadro sobreviviente de esa organización, exterminada gracias a esa política de sus propios jefes, acusa a Bergoglio, que no era jefe de una organización militar pero sí de una organización eclesiástica jerárquica y disciplinada como es la Compañía de Jesús, de haber regalado gente. Y no hay un solo jesuita desaparecido… O sea, Bergoglio es llevado al banquillo, mientras Mario Firmenich ni siquiera es criticado. Nadie le reclama nada ni le pide cuentas.

— Son las dificultades para entender, porque se ha planteado una serie de paradigmas sobre los años 70. Hay una socióloga chilena, Olga Ruiz, que dice que el relato de los años 70 en Chile de los sobrevivientes de las organizaciones armadas se basa en una tríada: héroes, víctimas y traidores. Las víctimas son las víctimas, los héroes son los que sobrevivieron y todos los demás son traidores. Es decir aquella cosa del "algo habrán hecho" se transmuta luego en el "algo habrás hecho para salvarte". Todo el mundo es sospechoso. Dentro de ese esquema de sospecha, es muy fácil agarrarlo a Bergoglio, a cualquier persona que tuvo algún vínculo, alguna relación con estos temas, y ponerlo en la categoría de los traidores… Yo no soy católico militante, ni voy a misa, ni sabía mucho sobre Bergoglio antes de meterme con este tema, pero cuando empiezo a investigar, yo pensaba "habrá salvado a alguna persona, qué sé yo, habrá hecho algo de buen samaritano". Pero cuando repaso los veinticinco testimonios que tenía, pensé qué más tengo que explicar sobre un hombre que hizo todo esto por gente que no conocía, por gente con la cual no coincidía políticamente, porque no era un hombre de izquierda. Y si él hizo todo esto, ¿iba a hacer lo contrario por dos jesuitas que eran sus amigos, su gente…?

— Sus profesores…

— (Francisco) Jalics había sido su director espiritual y (Orlando) Yorio había sido su profesor. Y no hablamos del papa Francisco, sino de un joven sacerdote que tenía 37, 38 años cuando era provincial de los jesuitas. Aristóteles dice que el valor es un término medio entre la cobardía y la temeridad. Y ambos extremos son negativos. La temeridad y la cobardía. Ahora,  si de algo yo lo acuso a Bergoglio es de que estuvo más cerca de la temeridad que de la cobardía, porque hizo cosas que, los que vivimos aquello y sabemos cuál era el contexto en el cual uno se movía, decimos "este tipo estaba loco". Digamos, arriesgó mucho más que muchos de los que lo critican.

— Exacto. Además sin tener involucramiento, porque él no había optado por la lucha armada, ni por el marxismo ni nada por el estilo… Hay que entender también que la Compañía de Jesús no era una corriente ideológica, sino una orden donde convivían sectores muy a la derecha y otros muy a la izquierda. ¿Hubo jesuitas reclutados por Montoneros?

— Bueno, por ejemplo, Ignacio Bertrán, un ex jesuita, muere en el combate de la calle Corro, junto a Victoria Walsh [N.de la R: hija de Rodolfo Walsh], porque era miembro de la Conducción de la Columna Capital de Montoneros. Hubo un caso anterior al 76, éste sí es inédito y lo descubrí por casualidad: un ex seminarista jesuita que es detenido en Moreno y Bergoglio va a asistirlo. Estamos hablando del año 72. Bergoglio lo había ido a asistir, a ayudar, en el momento que él estaba detenido en la comisaría de Moreno. Dentro de la Compañía había gente que estaba ideológicamente en la ultraderecha, gente en posiciones intermedias y gente que claramente tenía cercanía ideológica y política con la organización Montoneros, sí.

— Da la sensación de que cuando a Bergoglio lo nombran provincial es en parte para poner orden en todo eso…

— Hay una discusión entre los jesuitas europeos y una conferencia en España en enero del 74 que reúne a los provinciales jesuitas de todo el mundo. Los europeos, como siempre, en su aburrido mundo burgués, sueñan con las revoluciones, y las revoluciones se hacen en el Tercer Mundo. Entonces los alemanes y los franceses estaban en la línea de profundizar la participación en la política, en la lucha revolucionaria. En cambio los latinoamericanos ya para el año 74 venían con la experiencia de lo que estaba sucediendo en Latinoamérica, de la cantidad de jesuitas involucrados en la lucha armada, de lo que esto significaba en términos de gente que dejaba la congregación por la actividad militante. Entonces la directiva que (Pedro) Arrupe (general de los jesuitas) baja a Bergoglio es empezar a poner orden. Además le plantea claramente el peligro que corren, el riesgo de muerte. Esto formaba parte de la discusión de ese momento. Y no deben haber sido muy amables las charlas entre Bergoglio, Yorio y Jalics. Como todas las discusiones del momento. Porque si un amigo estaba en la organización Montoneros, y yo ya me había ido, y nos sentábamos a discutir íbamos a tener una discusión muy dura en la cual él probablemente terminara llamandome…

— Sí, traidor, cobarde.

— Etcétera, etcétera, y yo insultándolo, diciéndole que estaba loco, que lo iban a matar a él y a todos los que tenía alrededor. Ese era el contexto. En el año 2013 Jalics dice no es cierto que Bergoglio los haya denunciado, "nosotros caímos porque una monja que había estado con nosotros y luego se integró a la guerrilla fue detenida, etcétera". Esa religiosa se llamaba Mónica Quinteiro. Era una joven de 35 años y por la edad posiblemente ya era un cuadro con cierto nivel dentro de la organización. Montoneros había creado a mediados de 1975 un nuevo frente de trabajo, poco conocido, que se llamaba Cristianos para la Liberación. El mismo Verbitsky dice en su libro La mano izquierda de Dios que ese grupo que creó Montoneros para lo único que sirvió fue para que la inteligencia militar los mate a todos en los primeros meses del 76. En un libro sobre Norberto Habegger, el alto jefe de la organización Montoneros que creó ese frente, están allá los nombres de quienes participaban de él y figura Orlando Yorio. Yo no digo que fuesen cuadros armados, cuadros de la organización…

— No, pero era una agrupación más de periferia de las que tenía Montoneros, como la UES, como la JP. Que cuando vino el golpe fueron exterminadas igual que la organización.

— Yo hago la metáfora de la cebolla. Para entender cómo era la organización Montoneros hay que imaginarse una cebolla en cuyo centro está la conducción nacional y luego hay capas. Y la capa externa son esas organizaciones de superficie, la JUP, la UES, la JP.

— Los llamados "frentes".

— Los frentes de trabajo, exactos. Como vos dijiste, eran legales, no estaban en la clandestinidad, eran los chicos que repartían el volante, y fueron los primeros en caer. Porque la mecánica de la represión fue pelar la cebolla. Entonces te capturaban a vos que eras de la UES y vos tenías un responsable, un jefe, de la organización que podía ser yo, entonces te torturaban a vos y me capturaban a mí, me torturaban a mí, cantaba al que seguía, y rápidamente iban llegando. Se tejió toda una discusión de que los curitas no estaban incardinados, no podían dar misa, y el hecho de no poder dar misa fue la señal a la ESMA de que no estaban protegidos. Al Tigre Acosta no le interesaba nada si un curita daba misa, si estaba en la Compañía de Jesús o en el Vaticano, Acosta lo que quería era agarrarlo a Firmenich, agarrar a los jefes de la organización. Si tenía que matar a treinta para llegar al jefe mataba a treinta, y eso fue lo que hicieron. Lamentablemente los dos jesuitas caen en esta secuencia de caídas, en ese tirar de la piola del grupo Cristianos para la Liberación.

— Entonces, el 15 de mayo del 76…

— La ESMA secuestra a Mónica Quinteiro y a seis catequistas más que trabajaban en la iglesia del Bajo Flores junto con Yorio y Jalics. La mayoría eran integrantes de Cristianos para la Liberación y algunos de ellos eran miembros de la organización Montoneros. Diez días después secuestran a Yorio y a Jalics. Ellos cuentan que el interrogatorio fue alrededor de Mónica Quinteiro y del padre Jorge Adur. Adur sí era el responsable dentro de la organización del frente Cristianos para la Liberación. A Adur no lo detienen porque cuando lo van a secuestrar no lo encuentran en Villa Manuelita, sí secuestran a dos seminaristas, dos chicos que estaban ahí que no tenían absolutamente nada que ver y están desaparecidos, no volvieron nunca más. Y Adur…

— Logra escaparse del país.

— Logra escaparse. Sale del país, con la protección de (el nuncio) Pío Laghi, con la protección de Pío Laghi (representante diplomático de la Santa Sede de 1974 a 1980)

— Otro dato que se suele obviar.

— Luego Adur va a París y en el año 80 el Ejército Montonero lo nombra capellán, lo mandan a la Argentina, y Adur no alcanza ni a entrar que lo secuestran y lo matan. Volviendo al 76, de unos 40 militantes de Cristianos para la Liberación que cayeron en esos meses los únicos dos que se salvaron fueron Yorio y Jalics. Entonces los hechos también hablan.

— O sea, empezamos con que Bergoglio los entregó, pasamos a que Bergoglio los desprotegió y terminamos en que los salvó.

— Terminamos que los salvó.

— Porque dos veces fue a ver a Massera, dos veces. Con el riesgo que eso implicaba… Y a Videla también.

— Videla iba a misa en una capilla en Campo de Mayo. Entonces Bergoglio le pide al sacerdote de turno que se enferme, para ir a dar la misa él y después de la misa le dice a Videla "quiero que me devuelvan a los dos jesuitas". Ahora, en esta historia que se ha contado tantas veces se hace omisión de los otros cuarenta que no aparecieron nunca más. Y se carga sobre los dos jesuitas que, lo contaron ellos, no les aplicaron la picana eléctrica… Lo que pasaron no podemos decir que fue divertido ni lindo. Estuvieron encadenados, estuvieron…

— Incomunicados.

— Pero en relación a lo que pasaron otros, en relación al resto de la gente que cayó con ellos… Si uno analiza las desapariciones en forma individual, es muy difícil entender. Ahora, cuando se estudia la secuencia de las desapariciones, cómo es que caigo yo, caes vos, cae el otro, se va armando un panorama mucho más claro de cómo fue el mecanismo represivo y una explicación de por qué fulano que estaba en ese momento y en ese lugar desapareció y a sutano que estaba en otro lugar no le pasó nada. Se dice que lo de los jesuitas fue porque ellos estaban trabajando en la villa, y hasta eso no se aclara bien. Ellos no estaban en la villa, sino en una capilla cercana. Dentro de la villa, estaban Vernazza y Ricciardeli, otros dos curas que eran fundadores del Movimiento de Sacerdotes por el Tercer Mundo…

— Más conocidos incluso que Yorio y Jalics.

— Muchísimo más conocidos. Habían sido mano derecha de Carlos Mugica. Y estaban trabajando en la villa. Bergoglio quería llevar a todos a vivir al Colegio Máximo, que era una suerte de fortaleza por así decirlo. Seguramente vas a estar más protegido viviendo allí con 300 personas que en una casa cualquiera en un barrio con tres amigos. Entonces, secuestran a Yorio y Jalics, pero no a Vernazza ni a Ricciardelli que eran del grupo de Carlos Mugica, del grupo de Sacerdotes por el Tercer Mundo que ya en 1973 rompe con Montoneros. Entonces, políticamente no tenían más nada que ver. Entonces la represión…

— No fue tan irracional como se dice.

— Era siniestramente eficiente y no tenía nada de irracional. No es que fueran buenos. Es decir, si no te agarraban a vos no era porque decían "ay, no vamos a torturar a una…" No, no. Era "no me sirve de nada gastar corriente en vos si no me vas a dar ninguna información". De esos dos sacerdotes, Ricciardelli y Vernazza, ya la inteligencia militar sabía que habían roto con Montoneros, que tenían los puentes rotos, que sólo podían dar era información vieja, de tres años atrás, que los que ellos conocían ya estaban muertos o en la clandestinidad. En cambio, sí secuestran a los dos jesuitas porque estaban buscando llegar a la cabeza, que era Jorge Adur.

— Hay otro tema novedoso en tu libro que es la definición que das de la Triple A. Porque se quiere instalar como dogma que la Triple A la creó Perón y la conducía López Rega. Pero el propio Rodolfo Walsh, tan inciensado pero al que nadie lee, dice que las AAA son las tres armas. Y lo que decís vos es que ni siquiera era una sola organización.

— Creo que es uno de los temas menos estudiados. Incluso se toma como verdad un libro de un tal Paino que dice "Yo soy el creador de la Triple A." Todos los que han escrito y los investigadores toman el libro de Paino [N. de la R: Horacio Paino: Historia de la Triple A].

— Como fuente documental.

— Pero Paino es un chanta… Cuando logré conseguir su libro, me encontré con una sorpresa que es increíble: Paino hace un organigrama de cómo era la organización de la Triple A en las distintas provincias. Entonces dice, por ejemplo, en un lado era la UOM, en otro lado, fulano, bien. Y en Neuquén el jefe de la Triple A, lo pone Paino, era don Jaime de Nevares….

— (Risas) Sí, un obispo gran defensor de los derechos humanos.

— El primer defensor de los derechos humanos. Paino lo pone en el famoso organigrama que han reproducido todos los supuestos investigadores sobre la Triple A. Directamente el tipo ni sabía lo que estaba escribiendo. Luego Paino dice mataron a fulano, a mengano, a sutano. Yo crucé los nombres que él da con los nombres de los muertos de la Triple A, y no hay ninguno, no existen, son todos nombres ficticios. Lo de la Triple A viene de la doctrina francesa, hay un tal (Roger) Trinquier, de la inteligencia militar francesa, que desarrolla la teoría de que hay que golpear a la subversión en las zonas blandas…

— Los simpatizantes, los periféricos.

— Claro, aquellos que pueden proporcionarle gente, elementos, protección, etcétera, etcétera. Primero que hay que golpear alrededor, para aislar a la insurgencia. Fue lo que aplicaron en Tucumán. Para dejar a la guerrilla sin retaguardia. Y es con esta idea que la inteligencia militar arma la Triple A. La Triple A fueron las tres armas, fue la inteligencia militar. Hasta ahora el único juicio claro en este tema es el de La Plata, donde están condenados los miembros de la CNU (Concentración Nacional Universitaria), que no tenían nada que ver con otra estructura. En el juicio por delitos de lesa humanidad que se les hizo, quedó claro que quien les proporcionaba la información, el armamento y las directivas era el jefe de Inteligencia del Destacamento de La Plata. Siempre fue la inteligencia militar. Y cumplió dos finalidades, una, aislar, porque no mataron a ningún guerrillero. Golpeaban alrededor.

— Sí, abogados defensores de presos políticos, periodistas…

— Abogados, gente que escribía, gente del peronismo histórico. Esa fue…

— Además no era un solo grupo, sino cualquier grupo de policías o militares que querían operar y matar a alguien decían somos la Triple A y listo.

— Era una federación de bandas de derecha: por ejemplo, en Santa Fe era la Policía Federal, en Córdoba, el Comando Libertadores de América, que era el Ejército directamente. Eso tuvo dos finalidades. Una, como ya dije, golpear alrededor de la guerrilla, y la segunda era crear las condiciones para el golpe. Yo hice un ejercicio terrible que fue leer los diarios del año 75, La Opinión y otros: las muertes de todos los días, es terrible. Aparecían los cadáveres, se exhibían, se los dejaba tirados en la ruta.

— Incinerados.

— Incinerados. Con cuarenta y ocho balazos, dinamitados. Era la pornografía de la muerte. Exhibida brutalmente. Ahora, el 24 de marzo…¡pum!

— Se acabó.

— Se acabó, no hubo un solo muerto más encontrado en una alcantarilla… Todo pasó a ser clandestino. Hasta entonces dejaron operar a ERP y Montoneros de un lado, la Triple A del otro, la idea del caos, del enfrentamiento entre grupos, que el gobierno de facto venía a terminar.

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